Después de cada viaje

Después de cada viaje no solo queda el aprendizaje, las fotografías, los buenos recuerdos, los conocidos y las anécdotas. Queda más que eso, queda el autoconocimiento, el respiro de la rutina, las ganas de hacer más, las alas crecen y el amor por la vida se expande.

Siento una profunda admiración por quienes nunca salen de casa y son felices, porque han sido más eficientes en la administración de las herramientas que tienen, yo, sin embargo, no lo he logrado y he forzado mis finanzas y mi cuerpo (porque viajar también cansa) para alcanzar la plenitud en la cima de altas montañas, en la extensión de los desiertos, en la inmensidad de un salar o en los colores extraños de algunas lagunas. Definitivamente, el medio que nos rodea nos da vida, sin embargo no todos necesitamos el mismo entorno.

Escribo esto luego de estar fuera de mi mundo, de ver una vez más espacios extraordinarios, no me sueño en una vida estática, no me sueño lejos de casa (no por mucho tiempo), yo necesito la mitad de ambas cosas, como siempre, no lo quiero todo pero en la “nada” también me pierdo.

No todos tenemos pulmones, algunos nacieron con branquias, fuera del agua no hallan vida. Si no quieres salir, no arriesgues, con miedo no se vive. Si quieres irte, no lo pienses, si piensas mucho no haces nada y si quieres hacer, deja de hablar, de pensar, de soñar, enfócate y punto, cuando menos puedas notarlo estarás en la mitad de todo lo que deseabas.

Muchas de las cosas que vivimos tiene un punto de inicio y un punto final, lo que significa que casi todo es una cadena, casi todo es una hilera, si no empiezas un amor no pasarás por la ruptura, sino sales de tu zona de confort jamás descubrirás hasta dónde eres capaz de llegar.

Esta es la carta que escribo desde el escritorio que dejé hace poco más de 15 días, pero en mi cabeza hay tantas cosas que deseo plasmar porque he salido a comprender lo que estando aquí nadie me puede explicar.

Sigo haciendo la vida que quiero, intentando que cada latido signifique eso, que estoy viviendo, aunque mañana encuentre la muerte y sea nada para muchos, soy mucho para otros y por esos otros es que me lanzo en parapente por las calles de la ciudad.

Intenta conversar con quienes ven la vida como tú, así siempre tendrás un contagio de fe, así sabrás que no estás solo, así recordarás que no encajas pero que como tú hay otros más y sobre todo, admira a otros para que te inspiren, no seas mediocre, no creas que seguir a la gente es muestra de que careces de personalidad, al contrario, solamente quien se conoce sabe que sigue a otro no como un cordero, sino por ahorrar un poco de tiempo, luego de eso, hacemos un camino nuevo. Como cuando se arma una ruta de viaje, no hacemos un mapa de cero, el mapa ya existe, los consejos de otros viajeros se anotan, porque aunque cuando se haga todo exactamente igual, la experiencia siempre será diferente.

Hay un loco al que adoro (un buen amigo), me alquila una habitación en su departamento (a 40 minutos de donde vivo), y voy allá cuando decido tener un día de ciudad, cuando quiero hacer algo diferente. Así que, llegué y abordé un taxi para dejar mis cosas en el departamento y el taxista que ya estaba incómodo por darle unas vueltas más a la calle (no me ubico bien a veces), me dijo que no podía esperarme para llevarme a otra parte, así que, me tocó pagarle por el servicio y le entregué un billete de denominación alta, a lo que sus ojos me dijeron que no tenía cambio, llamé a César y me dice: ahora te alcanzo monedas. Cuando le pagué, el señor tiró las monedas en una cajuela que tenía en el auto y se marchó. Ingresé pensando: que hombre para malcriado, todo el tiempo fue descortés, todo el tiempo estaba allí enfurecido por todo y por nada, no sentí que hiciera un servicio sino que me hizo un favor. Entonces César me dice: no te enojes, no todos hacen lo que les gusta, hay personas como el taxista que hacen algo por hacer, porque no tienen más opciones, porque no quiso arriesgar a hacer lo que realmente le gusta, tú eres una persona feliz, por eso no lo entiendes, no todos son como nosotros. Y mi expresión cambió, pasé de la cólera a la comprensión.

Es bueno que te rodees de personas como César, aunque medio mundo me diga que está loco, está más cuerdo de lo que muchos piensan, porque hace lo que quiere, dice lo que piensa, se involucra en todo aunque no todo lo termine a veces, pero es así, es feliz. Rodéate de personas que te ayuden a crecer, a ver la vida de forma positiva, que te arranquen una sonrisa, a todos los demás no los evites, solamente raciona tu tiempo con ellos.

No hagas una vida cómoda, haz la vida que te gusta, no queremos más personas insatisfechas en el mundo porque como ya te dije, todo es una cadena. Y qué si no encontraba a mi amigo, es seguro que el taxista me habría arruinado un poco la noche, entonces, no es justo que por no ser valientes al asumir nuestros sueños vayamos dejando por allí un poco de eso.

No te digo que viajes porque es lo que a mí me da vida, TÚ haz lo que te haga feliz aunque sea ir a ninguna parte, porque allí donde estás puedes ser lo que quieras ser.

Janice Sánchez

¡Hola, soy Janice! Nací en Perú el 20 de Diciembre de 1981. El amor por los viajes surgió hace mucho de modo que pasa el tiempo y mi gusto por la mochila y la fotografía se hace crónico. Descubrí que tanta experiencia de vida podría convertirse en letras algún día y es lo que hice, empecé a escribir y a escribir, no existe un momento en el que mi mente no divague entre tantas interrogantes, ser reflexiva me ha dado tanto y aunque no creas también me frenado en ciertos aspectos de mi vida porque irremediablemente lo pienso todo.

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