Mangahurco-Ecuador: Florecimiento de Guayacanes

Ecuador es, increíble, cada vez que voy, me enamoro de este país hermano que siempre está dispuesto a ayudar a todo forastero, de modo que, al cabo de unos días, una se siente tan ecuatoriana como cualquier otra persona que haya nacido allí.

Ha sido un viaje relámpago, de esos que te enamoran con las fotografías que encuentras en las redes. Un evento mágico que acontece una vez al año y dura aproximadamente 10 días, el “Florecimiento de Guayacanes”.

Ecuador tiene varias parroquias (lo que en Perú se conoce como distritos), las más conocidas para disfrutar del florecimiento de los Guayacanes, son: Zapotillo, Bolaspamba y Mangahurco.

Aun buscando en diferentes páginas, era difícil determinar en qué porcentaje estaba el florecimiento y si aún teníamos tiempo para llegar antes de que este termine. Muchos decían que no había llovido y que esto es primordial para que los árboles floreen y dejen caer sus hojas, pintando el paisaje de un amarillo radiante e impresionante. Me concentré en los comentarios de las fotografías que habían posteado algunos pobladores y visitantes, y al parecer aún estaba al 50%.

Animé a mi compañero de viaje (ya tengo uno), y nos enrumbamos a cruzar la frontera, con una ruta nueva y con los pocos dólares que logramos comprar.

Partimos desde la provincia de Sullana (Piura-Perú), rumbo a Alamor-Perú (en donde está ubicado el puente internacional), el pasaje nos costó S/.10.00 soles y el viaje nos tomó cerca de 02.00hrs. Estando en el puente, cruzamos la frontera a pie, ubicamos las camionetas ecuatorianas que te transportan a Zapotillo por US$3.00 Dólares, al cabo de 40 minutos estábamos a mitad de camino.

En Zapotillo preguntamos por los autos, buses, colectivos que nos trasladaran hasta Manhagurco, lugar que era nuestro destino final. De pronto, todos nos dijeron que para Mangahurco no había transporte público, que teníamos que tomar una “carrera”, cuyo costo era de US$60.00 Dólares, y que para minimizar el costo, podíamos esperar ser 5 o 6 personas, así cada una pagaría entre US$10.00-US$15.00 dólares. Lo curioso es que no encontrábamos más personas y además, solo teníamos US$30.00 cada uno para todo el viaje.

Nos preguntamos con la mirada: ¿y ahora, qué hacemos? Porque caminar no era una opción, y no por las 5hrs que podría habernos tomado el trekking, sino por el sol incesante que nos acompañaba y nos llenaba de susto.

De pronto alguien nos echó un susurro de esperanza: Vayan hasta las Ceibas (a 5min), y allí está la entrada a Mangahurco, es probable que las personas que vayan en auto particular, los lleve hasta su destino. Llegar a las Ceibas nos costó US$1.50 Dólares a cada uno, mentalmente me seguía cuestionando el hecho de que en internet, todos te decían cómo llegar, pero nadie había escrito que la oferta de transporte público, no era alta, y que hay que considerar muy bien, los costos del viaje. Y es que en  Ecuador, el costo de transporte, es una tarifa normal y justa, sin embargo, para un país como el mío, en donde cada dólar equivale casi 4 veces nuestra moneda, es imposible no sentir la diferencia del tipo de cambio.

En fin, 15min después, una camioneta blanca se estacionó en la tienda en donde estábamos esperando, iban para Mangahurco y pedimos que nos lleven, y así fue, nos montamos en la “olla” de la camioneta, una hora y media después, estábamos observando el amarillo recibimiento de los Guayacanes, se veían hermosos, a diferencia de nosotros que estábamos hechos un desastre. La trocha nos había puesto castaños, y el sol nos había dejado deshidratados y transpirados.

Era preciso (vital) darnos una ducha y arreglarnos un poco para las fotos, pero sobre todo, para refrescarnos. El único alojamiento de Mangahurco, estaba lleno. No había más que prestar un baño (allí es cuando encontramos a nuestro segundo ángel guardián), quien nos indicó, que subiendo una colina, había baños públicos y lugares para acampar.

Debo decir que los baños no tenían nada de públicos, eran todo lo que se necesitaba para estar a gusto. Además, ya sabíamos en que parte de la colina, armaríamos la carpa.

Y bueno, almorzamos por US$3.00 Dólares y nos encaminamos al bosque, a deleitarnos, a comer helados, a tomar toda el agua que nuestro maltrecho cuerpo nos exigiera. La tarde fue encantadora, muchas personas, de muchos lugares, con muchas historias. Hay quienes llevaban años asistiendo, decían que años atrás todo el bosque florecía, pero que este año la lluvia no había llegado como se esperaba, aun así, yo estaba maravillada.

De regreso en el centro de la parroquia, el Municipo estaba repartiendo colchones a los turistas, dejamos el documento de identidad y nos fuimos con nuestra carpa y nuestro colchón a descansar, claro, antes cenamos el famoso “Chivo al hueco” por US$3.00 Dólares (cada uno).

La fresca mañana nos despertó, empacamos y regresamos al centro para “tirar dedo” y emprender viaje de retorno. Mi compañero estaba con fiebre, al parecer el sol lo estaba castigando. Nuestra expectativa de viajar dentro de un auto, se vio defraudada, así que, otra camioneta y muchas personas amables aparecieron.

Nuestros compañeros de viaje, ecuatorianos, nos explicaron una ruta diferente, sin embargo, y sin darnos cuenta, ellos habían entendido que nuestro destino era Alamor-Ecuador cuando en realidad teníamos que llegar a Lalamor-Ecuador o Alamor-Perú (zona de frontera), dicha confusión nos valió “perder” dos horas de viaje, estábamos en la ruta equivocada. ¡Llorar!

Al conversar con un taxista, nos dio referencias y sobre todo, fue nuestro tercer y último ángel guardián, porque por US$2.50 Dólares cada uno (súper barato), nos hizo el viaje hasta Pindal, lugar propicio para retomar la ruta.

Ya en Pindal, pagamos US$3.00 Dólares (cada uno) hasta Zapotillo, y finalmente, cruzamos la frontera.

Me queda decir que fue toda una aventura, que hago el artículo a tiempo, para que ahorres los US$60.00 Dólares hasta Mangahurco, o para que prepares el cuerpo y emprendas viaje.

Hasta el próximo artículo, abrazo.

Janice Sánchez

¡Hola, soy Janice! Nací en Perú el 20 de Diciembre de 1981. El amor por los viajes surgió hace mucho de modo que pasa el tiempo y mi gusto por la mochila y la fotografía se hace crónico. Descubrí que tanta experiencia de vida podría convertirse en letras algún día y es lo que hice, empecé a escribir y a escribir, no existe un momento en el que mi mente no divague entre tantas interrogantes, ser reflexiva me ha dado tanto y aunque no creas también me frenado en ciertos aspectos de mi vida porque irremediablemente lo pienso todo.

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